El Perú desde la invasión española quedó fracturado en un Perú profundo, invisibilizado y otro Perú oficial, centralista, autoritario y racista. Para el Perú oficial los pueblos originarios y las luchas de los campesinos no son visibles. Por eso menospreciaron la capacidad de movilización de los campesinos, de los trabajadores del campo y de los pequeños propietarios que protestan contra el abandono del agro, las
promesas una y otra vez incumplidas y las amenazas contra la propiedad de la tierra de las comunidades campesinas y nativas. Ese es el Perú oficial que desprecia e insulta a los pueblos originarios y a los que provenimos de ese Perú profundo, que tan bien describiera el escritor José María Arguedas. Nos llaman perros del hortelano, cholos, indios y otras expresiones denigrantes. El gobierno dice que está abierto al diálogo con los agricultores y campesinos. ¿Cómo dialogar con gobernantes sordos y ciegos ante los reclamos del Perú profundo? Cuando se les habla no contestan, se tapan los oídos, se ríen, nunca tienen tiempo para atender los reclamos del pueblo pobre.
Las organizaciones campesinas luchan para defender la integridad de las tierras comunales, reclaman créditos, asistencia técnica, reducción de los costos de fertilizantes, atención a la deuda agraria, protección al medio ambiente y a la biodiversidad. Luchan por el derecho a hablar en su propio idioma, a recibir una educación de calidad, a tener la asesoría de abogados bilingües, y para afirmar su identidad cultural. Las autoridades indolentes, los burócratas de siempre, suscriben acuerdos que luego incumplen. Por eso las organizaciones campesinas no tienen otro camino que las movilizaciones y paros para hacerse escuchar. La historia nos enseña que todas las grandes reivindicaciones se han arrancado con luchas. Los gobiernos recurren a la represión brutal, como hemos sido testigos esta semana. Varios campesinos fueron muertos en diferentes regiones del país, con disparos de bala a la cabeza. No podemos permitir que las armas sean utilizadas contra los hijos del pueblo y que los gobernantes de hoy, que ponen en venta nuestro patrimonio cultural, nuestras tierras, nuestros recursos naturales, nuestra Amazonía, nos califiquen como subversivos o antipatriotas.
Los pueblos originarios deben están alertas porque este gobierno tiene planes anti-campesinos, que buscan desconocer y liquidar la propiedad de tierras ancestrales. Tras la publicación de los artículos de Alan García sobre el síndrome del perro del hortelano, la bancada aprista y sus aliados están interesados en impulsar el decreto legislativo 653 denominado ley de promoción de la inversión en el sector agrario y aprobar proyectos contra las comunidades campesinas. Entre estos figuran el 1770 que otorga superpoderes a COFOPRI para formalizar la titulación de tierras; el 1992 que pone en peligro la integridad de las tierras de las comunidades campesinas, y los proyectos 690 y 840 que promueven la reconcentración de la propiedad privada en desmedro de las comunidades campesinas y nativas. ----------------- * Congresista de la República (Partido Nacionalista).
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